FRAGOLE DI LE FORBICI
(EDUARDO SANTOS)
S.O.S LA REVISTA DE BOLSILLO / 2007
Decidí ir a cenar a Sanborns, por todo el prestigio que es
alimentarse en ese lugar, lleno de gente fina y educada.
La imagen del restaurante me sorprendió, es un sitio cómodo
en el que uno puede pasar horas disfrutando de una buena conversación.
¿Fumadores o no fumadores? Fue la pregunta de la mesera y en
seguida decidí comer al aire libre.
¿Algo de tomar? Pues una limonada, respondí… después de diez
minutos en los que vi pasar automóviles de todas marcas y modelos, llegó mi
limonada, por cierto, sabía a naranja insípida, ¡era naranjada!
Pedí el platillo, una ensalada con pollo; me bebí toda mi
limonada sabor naranja y la orden no llegaba.
Minutos más tarde ahí estaba la mesera, con una sonrisa
disculpándose por la tardanza y me sirvió la ensalada, no con pollo, con atún,
¡se volvió a equivocar!
Como no soy gente de pleito, preferí no reclamar, aunque
estaba en todo mi derecho, sólo sonreí y decidí pedir una naranjada, a ver si
de casualidad me traían limonada.
Los minutos transcurrieron, los meseros pasaron y mi mesera
igual, pero no se acordó de mi naranjada hasta después de 20 minutos.
La chica apareció, amable, como siempre, me sirvió mi naranjada
“sabor naranja”, ¡chalupa y buenas!
Al ver la cuenta, extrañé los tacos del centro, donde si
sirven limonada sabor limón y donde el pollo sabe a pollo, no a atún.

No hay comentarios:
Publicar un comentario